9/9/07

La eñe también es gente...


Publico esto porque lo acabo de leer, y además de parecerme una visión muy divertida y real, lo relaciono a posteriori con una entrada que voy a publicar acerca del lenguaje "morse" (como yo lo llamo) del messenger y los sms que hacen perder nuestro concepto del lenguaje, ya bastante castigado. Ahora sí los dejo, disfruten tranquilos.

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LA EÑE TAMBIÉN ES GENTE

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya como cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? "La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita de segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable Cesar Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.

María Elena Walsh

5/9/07

Un temperamento vano

El músico retardó un poco el ataque final, sólo lo necesario para que la audiencia pudiera comprender el porqué de semejante y anormal pausa, muerte asincopada de todo ese sentido, ese oído al que había que llenar, embargar. Y emprender todo aquello también, por qué no; al fin y al cabo la finalidad siempre es el oído y los dedos, el comienzo y el final, todo se trastoca mágica, misteriosa, criteriosamente; y al fin y al cabo, valga la redundancia, ello es tan trivial, como la vida misma, ver donde comienza y donde acaba todo es sólo un detalle, pero claro, en él nos detenemos toda una eternidad, eso ni discutirlo.
Por supuesto, mientras el intérprete todo esto lo pensaba habían pasado ya varios compases de más, bastante más de lo aconsejado, mientras en las parejas y en los grupos que se amuchaban en el auditorio semidesierto se notaba una impaciencia feroz, ese sopor que transmiten las ánimas al reclamar lo que las hace ser; inmediatamente el pianista golpeó ferozmente las teclas haciendo impasible el acorde final de la pieza, que contrastado con el anterior sonido de "APPLAUSE" en neón, lograba realmente crear un caos interno dentro de todos los concurrentes que se hacía intolerable. "No sé que le ha pasado, Mimí" dijo una señora vestida en tapado de piel sintética a su acompañante, con claro gesto de irritación; "en general, a este caballero no se le da por la vanguardia";"No te preocupes, Estela" le dijo Mimí, "he visto tantos muchachos como éste, que quince minutos más por el inodoro no me van a matar."
Las veteranas, impasibles ya por la pieza en cuestión continuaron su charla en el medio de la sala, totalmente ignorantes de los chistidos que se acumulaban en su entorno; ya no estaban allí, sino en ese bar de Balvanera, donde oyeron tanto tango, tanta milonga bien tocada y bien bailada; ahora se encontraban en esa platea (pagadero por adelantado) donde se había visto tanta orquesta bien planeada, bien sincronizada, tan suntuosa como las rosas perfumadas que llevan los finados al pozo final, al otro lado; luego, en ese hall de club social con aroma a lavanda escuchando, viviendo, aceptando, acentuando del tocadiscos los axiomas musicales, lo indubitable donde todo se basa... para terminar en esa bosta de síncopa que estaban escuchando, o en realidad debían escuchar por la situación medio bizarra que se había logrado por medio de las risotadas resentidas de dos personas resentidas que habían vivido demasiado las normas de un momento, una sensación.
Los chistidos continuaron, pero ya no había caso: el músico se había parado del butacón, resuelto aparentemente a abandonar tan embarazosa escena; sin embargo se detuvo abruptamente en el borde del escenario. Tomó aliento y se dirigió atentamente al público:
"A riesgo de parecer vanidoso, soy consciente del riesgo que implica para el artista audaz la exposición extrema a una audiencia que no suele observar con buenos ojos la modificación de ciertos elementos inamovibles del arte, constituyentes de la teología sensitiva de nuestra especie. Todo está inherente a cierto tipo de subjetividad, a alguna moral: eso no les quepa ninguna duda. En ello está el Ser de nuestra pasión, la esencia divina (o mejor aun: humana) del arte. Espero que puedan entender esto para así comprender el lugar en que yo y mis colegas nos ubicamos"
Finalmente, se encaminó a los bastidores. No obstante, una vez más se detuvo y volviendo sobre sus pasos dijo vagamente a una parte del público, aun en penumbras.
"Y señoras, si son tan amables, las invito a irse un poco al carajo"